Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿No se ha enterado de que al señor Pan lo han acusado de asesinato por andar mezclado con semejante chusma? ¿Por qué vuelve usted a lo mismo? Lo mejor serÃa que se quedara tranquilo estudiando, olvidara esas frivolidades y dejara de andar rompiéndose la cabeza con tonterÃas.
—¿Acaso estoy haciendo algo incorrecto? —quiso saber él—. Simplemente fue algo que me pasó por la cabeza. ¿Qué importa si la tienes o no? ¡Te hago esta sola pregunta y mira con lo que me sales!
—No era mi intención refunfuñar —sonrió ella—. Quien estudia a los clásicos y conoce las reglas de la etiqueta deberÃa tener elevadas aspiraciones. AsÃ, cuando aparezca su amada quedará complacida y lo respetará.
Aquello le recordó a Baoyu otra cosa.
—¡Caramba! —exclamó—. Hace un momento habÃa tanta gente con la Anciana Dama que no pude hablar con la prima Lin, y ella tampoco me prestó atención. Cuando fui a despedirme, ya se habÃa retirado. Imagino que ahora estará en sus aposentos. Voy a hacerle una visita. —Y se dispuso a salir.
—No tarde mucho —dijo Xiren—. No debà haber dicho eso que le ha exasperado tanto.