Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No es necesario —respondió alegremente la joven—. En la otra casa no pueden vivir sin mÃ, asà que vendré todos los dÃas.
Jia Zhen no insistió, y después de charlar un poco más con las mujeres se marchó.
En cuanto salieron los visitantes, la dama Wang preguntó a Xifeng qué pensaba hacer.
—No me esperen. Me quedaré aquà a ordenar los asuntos antes de regresar.
Asà pues, la dama Wang y la dama Xing regresaron primero, mientras Xifeng se retiraba a un pequeño anexo compuesto de tres cuartos a meditar en los siguientes términos: «Primero, lo complicado de esta casa facilita que desaparezcan muchas cosas; segundo, si no se distribuyen tareas los criados eluden su responsabilidad; tercero, la enormidad de los gastos puede llevar a la extravagancia y a la falsificación de recibos; cuarto, si no se diferencia entre tareas pesadas y livianas, unos sufrirán más que otros; quinto, estos sirvientes están tan descuidados que, tanto los que por su prestigio pueden desafiarme como los que no, harán lo posible por no rendir al máximo».
Y ésos eran, en verdad, los cinco rasgos distintivos de la mansión Ning. Para saber si Xifeng consiguió resolver los problemas, escuchen el siguiente capÃtulo.
Por cierto:
Diez mil hombres no pueden gobernar un Estado;