La taberna
La taberna Gervaise también se empeñó en ir bien compuesta. Desde que decidieron casarse, se preparó, hizo horas extra por la noche y consiguió ahorrar treinta francos. Le hacía mucha ilusión una esclavina de seda que estaba a la venta por trece francos en la calle del Faubourg-Poissonnière. Se la compró, y luego por diez francos consiguió, del marido de una lavandera, muerta en casa de la señora Fauconnier, un vestido azul oscuro de lana que arregló a su medida. Con los siete francos que le quedaban, se agenció un par de guantes de algodón, una rosa para su cofia y un par de zapatos para su hijo mayor Claude. Afortunadamente, la ropa de los pequeños aún no estaba mal del todo. Se pasó cuatro noches lavándolo todo e inspeccionando hasta los agujeros más pequeños de sus medias y de su camisa.