La taberna
La taberna FUERON cuatro años de duro trabajo. En el barrio, Gervaise y Coupeau pasaban por ser un matrimonio modelo; vivían aislados, sin peleas, dando cada domingo un paseo por Saint-Ouen. La mujer hacía una jornada de doce horas en casa de la señora Fauconnier, y se las componía para tener su casa limpia como un espejo y dar de comer a los suyos por la mañana y por la noche. El marido no se emborrachaba, traía la quincena y fumaba su pipa en la ventana antes de acostarse, mientras tomaban el aire. Tenían la reputación de ser muy amables. Y, como entre los dos ganaban cerca de nueve francos al día, se pensaba que debían ahorrar bastante dinero.