La taberna

La taberna

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Gervaise, lentamente, mirando a derecha y a izquierda, recorría el pasillo central. Llevaba el fardo debajo del brazo, sacando la cadera. El ir y venir de las lavanderas que a veces la empujaban hacía más perceptible su cojera.

—¡Eh! ¡Por aquí, hija! —gritó con su vozarrón la señora Boche.

Desde que la joven, al final del pasillo, a la izquierda, se unió a la portera, ésta, que restregaba enérgicamente un calcetín, empezó a hablar sin parar, aunque no abandonó su tarea.

—Póngase ahí, le he guardado su sitio… Ya no me queda mucho. Boche apenas ensucia ropa… ¿Y usted? Tampoco tardará mucho, ¿verdad? Veo que su fardo no es muy abultado. Antes de mediodía habremos acabado y podremos irnos a comer… Yo solía llevarle mi ropa a una lavandera de la calle Poulet, pero me la estropeaba con el cloro y los cepillos. Así es que me la lavo yo misma. Dinero que me ahorro. Sólo gasto en jabón… ¡Pero bueno, esas camisas tenía que haberlas puesto a remojo! ¡Parece mentira que sean tan malos los niños, tienen hollín en el culo!

Gervaise había deshecho el fardo y separado las camisas. Como la señora Boche le aconsejara que cogiera un cubo de agua jabonosa, le respondió:

—¡Oh! no, basta con el agua caliente… Tengo experiencia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker