La taberna
La taberna —¡La mala pécora! ¡Me ha echado a perder el vestido! —gritó ésta, que tenÃa todo un hombro mojado y la mano izquierda teñida de azul—. ¡Espera, bruta, y verás!
Cogió un cubo y lo vació sobre Gervaise. A partir de este momento, se entabló una lucha sin cuartel. CorrÃan las dos a lo largo de las tinas, cogiendo cuantos cubos de agua estaban a su alcance y echándoselos por la cabeza. Cada chaparrón iba salpicado de improperios. Gervaise ahora no se mordÃa la lengua:
—¡Toma, guarra!… ¡Ahà recibes tu merecido! ¡A ver si te refresca el trasero!
—¡Toma, so penco! ¡Para tu mugre! ¡Lávate siquiera una vez en la vida!
—¡SÃ, sÃ, voy a ponerte a remojo, bacalao!
—¡Ahà va éste!… ¡Para que te laves los dientes y la cara antes de que te vayas a hacer la carrera esta noche, en la esquina de la calle Belhomme!