La taberna
La taberna Y cuando llegaba una visita, Virginie o la señora Boche, y le preguntaban cómo estaba de salud, no respondÃa, empezaba inmediatamente el capÃtulo de las quejas.
—¡Ay, qué caro es el pan que como aquÃ! ¡No, no sufrirÃa tanto entre extraños!… Miren, pido una taza de tisana y me traen un cazo lleno de agua, como si quisieran reprocharme que bebo demasiado… Pasa igual con Naná, una niña a la que he criado; por la mañana se levanta a hurtadillas y no la vuelvo a ver. Ni que yo apestara. Sin embargo, por la noche duerme como un tronco, y no se despierta ni una sola vez para preguntarme cómo estoy… En fin, les estorbo y desean que reviente. ¡No tardaré mucho, no! Ya no tengo hijo; esa maldita lavandera me lo ha quitado. Ella me pegarÃa y acabarÃa conmigo si no temiera a la justicia.