La taberna
La taberna —¡Que se matan! ¡Separad a esas brujas! —dijeron varias voces.
Las lavanderas se habĂan acercado. Se formaron dos bandos: uno azuzaba a las dos mujeres como a dos perras que se estuvieran peleando; el otro, más afectado, temblando de pavor, volvĂa la cabeza, no queriendo ver más, repitiendo que se iban a poner malas, no habĂa remedio. Y faltĂł poco para que la pelea se hiciera general; se decĂan insultos, se llamaban desalmadas, inĂştiles; resonaron tres tortazos.
La señora Boche, mientras, buscaba al mozo del lavadero.
—¡Charles! ¡Charles!… ¿Pero dónde está?
Y lo hallĂł en primera fila, mirando con los brazos cruzados. Era un joven fornido, de robusto cuello. ReĂa y se recreaba viendo las carnes que enseñaban las dos mujeres. La rubia era gordezuela como una codorniz. SerĂa chusco que se le cayese la camisa.
—¡Vaya! —murmuró guiñando el ojo—, tiene un lunar debajo del brazo.
—¡CĂłmo! ¡Está usted aquĂ! ¡Pero ayĂşdenos a separarlas!… ¡Usted sĂ que podrĂa separarlas!