La taberna
La taberna Cuando Gervaise pisó la calle en que se hallaba el hotel Boncoeur, las lágrimas se le agolparon de nuevo en los ojos. Era una calle oscura y estrecha, con un albañal para las aguas sucias que se extendía a lo largo del muro. Este hedor, con el que volvía a encontrarse, le hacía pensar en las dos semanas que había pasado allí con Lantier, dos semanas de calamidades y disputas, cuyo recuerdo, ahora, era una herida punzante. Sintió que entraba en su abandono.