La taberna
La taberna —No le falta razĂłn —dijo convencido—; hoy ya he empaquetado a tres, que me habrĂan dado una buena propina si hubieran podido llevarse la mano al bolsillo… Pero, señora, las cosas no son tan fáciles…
—LlĂ©veme, llĂ©veme —gritaba todavĂa Gervaise—, quiero irme…
—Bueno, pero antes hay que hacer una pequeña operación… Ya sabe, ¡cric!
E hizo un ruido con la garganta, como si se tragara la lengua. Luego, como le hizo gracia la broma, se riĂł.
Gervaise se habĂa levantado lentamente. ÂżTampoco Ă©l podĂa hacer nada por ella? Fue a su habitaciĂłn, atĂłnita, y se echĂł sobre el montĂłn de paja, arrepintiĂ©ndose de haber comido. ¡Ay, no, quĂ© va, la miseria no mataba bastante de prisa!