Maria Estuardo
Maria Estuardo El 29 de julio redoblan las campanas de los esponsales. En la pequeña capilla católica de Holyrood, un sacerdote bendice la unión. MarÃa Estuardo, siempre ingeniosa cuando se trata de ceremonias solemnes, aparece con ese motivo, para general sorpresa, vestida de luto, con la misma ropa que llevó en el entierro de su primer esposo, el rey de Francia; con eso pretende manifestar en público que no ha olvidado fácilmente a su primer marido y sólo vuelve ante el altar para satisfacer el deseo de su pueblo. Sólo después de haber oÃdo misa y haberse retirado a sus aposentos se deja mover por los tiernos ruegos de Darnley —la escena está magnÃficamente preparada, y las ropas festivas están ya a mano— a dejar la ropa de luto y elegir los colores de la fiesta y la alegrÃa. Abajo, la multitud jubilosa rodea el castillo, el dinero se arroja a manos llenas, y con el corazón despejado la reina y su pueblo se entregan a la alegrÃa. Muy para disgusto de John Knox, que sin dudar a sus cincuenta y seis años ha tomado a una muchacha de dieciocho como segunda esposa, pero al que ninguna alegrÃa más que la suya le parece legÃtima; durante cuatro dÃas y cuatro noches vibra el anillo de las fiestas, como si las tinieblas hubieran pasado para siempre y empezara el dichoso reinado de la juventud.