Maria Estuardo
Maria Estuardo Este Bothwell es un personaje que parece tallado en un solo bloque de mármol negro. Como Colleone, su hermano condotiero italiano, se alza en pose enérgica y desafiante por encima de los tiempos, un hombre de una pieza, con toda la dureza y brutalidad de su virilidad exacerbada. Lleva el nombre de una antiquÃsima estirpe, los Hepburn, pero se podrÃa pensar que por sus venas fluye aún sangre indómita de vikingos y normandos, esos ásperos guerreros y bandidos. A pesar de toda la cultura adquirida (habla un magnÃfico francés y colecciona libros), ha conservado el ansia elemental de pelea del rebelde nato contra el pacÃfico orden burgués, el loco gusto por la aventura de aquellos hors la loi, de aquellos corsarios románticos a los que amaba Byron. Alto, de anchos hombros, de extraordinaria fuerza fÃsica —maneja la pesada espada de dos filos como si fuera un ligero puñal, y es capaz de pilotar él solo un barco en medio de la tempestad—, esa seguridad fÃsica le da también una grandiosa audacia moral, o más bien inmoral. Este hombre violento no retrocede ante nada, sólo la moral de los fuertes es la suya: coger, retener y defender sin consideración alguna. Pero esa ansia natural de pelea nada tiene que ver con el vil camorrismo y las calculadoras intrigas de los otros barones, a los que él, el irreprochable, desprecia porque siempre se reúnen cautelosos para sus rapiñas y recorren cobardes su camino en la oscuridad. Él en cambio no contrae alianzas, no se pone de acuerdo con nadie; solo, altanero y desafiante, recorre su camino pasando de largo ante la ley y la moral, golpeando en el rostro con el puño acorazado a todo el que se atreve a oponérsele. Sin preocupación alguna, hace lo que quiere, permitido o no, a plena luz del dÃa. Pero aunque sin duda sea un violento de la clase más carente de reparos, un clarÃsimo amoral, Bothwell tiene al menos frente a los otros la ventaja de su sinceridad. En medio de los caracteres ambiguos y equÃvocos de todos esos lores y barones, resulta como un animal impetuoso y sin embargo regio, una pantera, un león entre todos esos lobos y hienas que se arrastran, no es una figura moral, un personaje humanamente simpático, pero sà un hombre, un hombre de una pieza, primitivo, belicoso.