Maria Estuardo
Maria Estuardo A un hombre de poder nato sólo hay que darle poder para que lo reclame por entero. Pronto Bothwell es el primer consejero en todos los asuntos, el verdadero regente del reino, y el embajador inglés comunica receloso que «su prestigio ante la reina es mayor que el de todos los demás». Pero esta vez María Estuardo ha elegido bien, ha encontrado al fin a un mandatario demasiado orgulloso como para dejarse comprar por Isabel con promesas y sobornos o aliarse con los lores por una pequeña ventaja; con este audaz soldado como fiel servidor, alcanza por vez primera el predominio en su propio país. Pronto los lores sienten cuánta autoridad ha dado a la reina la dictadura militar de Bothwell. Ya empiezan a quejarse de que «su arrogancia es tan grande que David nunca fue tan odiado como él», y con gusto se librarían de su persona. Pero Bothwell no es ningún Rizzio que se deje matar sin defenderse, ningún Darnley al que se pueda echar a un lado sin resistencia. Conoce las prácticas de sus compañeros los nobles; por eso se rodea constantemente de una fuerte guardia personal, y a una señal suya sus borderers están listos para empuñar las armas. Le es indiferente si esos intrigantes de la corte le aman o le odian. Basta con que le teman y, mientras él lleve la espada al cinto, esa banda inquieta y ladrona obedece a la reina rechinando los dientes. Por deseo expreso de María Estuardo, su más encarnizado enemigo, Moray, ha tenido que reconciliarse con él; con esto se cierra el círculo del poder, los pesos están repartidos con claridad. María Estuardo, desde que está asegurada en el poder por Bothwell, se conforma con la mera representación, Moray sigue llevando la administración interior, Maitland el servicio diplomático y Bothwell, el hombre de confianza, es all in all. Gracias a su mano de hierro vuelven a reinar la paz y el orden en Escocia; un solo hombre de verdad ha obrado ese milagro.