Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero cuanto más poder reúne Bothwell en sus duras manos, tanto menos queda para aquel al que pertenecía en derecho, para el rey. Y gradualmente incluso este poco se contrae hasta quedar en un mero nombre, en una Nada. Un año tan sólo y ¡qué lejos está ya el tiempo en el que el hermoso y joven soberano Darnley era apasionadamente escogido, en que se le proclamaba rey y cabalgaba en dorada armadura contra los rebeldes! Ahora, después del nacimiento del niño, una vez cumplida su obligación, el infeliz se ve cada vez más desplazado y despreciado. Se le deja hablar y no se le escucha, se le deja ir y no se le acompaña. Ya no se le convoca al Consejo de Estado, ya no se le invita a las recepciones, siempre anda solo, y un frío espacio de soledad le acompaña como una sombra. Por todas partes siente a sus espaldas una aguda corriente de escarnio y odio. Extranjero, enemigo, está entre enemigos en su propio país, en su propia casa.