Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero el castigo por esta conducta infantil y terca es administrado con rapidez. Unos dÃas después, en Nochebuena, se abate con un áspero chasquido. Lo inesperado ocurre: MarÃa Estuardo, hasta ahora irreconciliable, se decide, por consejo de Moray y de Bothwell, a indultar a los proscritos asesinos de su Rizzio. Con ello regresan al paÃs los más encarnizados y mortales enemigos de Darnley, los conspiradores a los que mintió y engañó. Por simple que sea, Darnley advierte enseguida el mortal peligro para su persona. Si esa banda —Moray, Maitland, Bothwell, Morton— se reúne, eso significa una cacerÃa, y él estará definitivamente eliminado. Tiene que tener un sentido que su mujer se entienda de pronto con sus más encarnizados enemigos, un sentido y también un precio, que él no está dispuesto a pagar.
Darnley ha entendido el peligro. Sabe que ahora van contra su vida. Como una pieza que sabe que los galgos andan cerca de su rastro, Darnley huye del castillo a refugiarse en casa de su padre, en Glasgow. Este año fatal que empezó cuando enterraron a Rizzio aún no ha terminado, y los asesinos han vuelto a congregarse fraternales, algo espantoso se acerca cada vez más. Los muertos no gustan de dormir solos en sus profundidades, siempre reclaman junto a sà a quienes los empujaron a ellas, siempre envÃan el miedo y el espanto como heraldos suyos.