Maria Estuardo
Maria Estuardo La pasión es capaz de muchas cosas. Puede despertar energÃas indecibles, sobrehumanas, en una persona. Puede extraer con su fuerza irresistible fuerzas titánicas del alma más tranquila e impulsarla por encima de todas las normas y formas de la moral, hasta el crimen. Pero forma parte de la esencia de la pasión que tras tan violentos estallidos su repentino encabritarse se desplome agotado. En eso se distingue básicamente el criminal por pasión del verdadero criminal, el criminal nato, el criminal por costumbre. El que sólo comete un crimen, el criminal pasional, sólo suele estar a la altura del hecho, raras veces a la de sus consecuencias. Actuando tan sólo bajo un ardiente impulso, mirando fijamente el hecho que se ha impuesto, dirige todas sus energÃas a esa sola y única meta, y en cuanto la alcanza, en cuanto la acción se ha cometido, su energÃa desaparece, su decisión se quiebra, su inteligencia falla, precisamente en el momento en que el criminal frÃo, el sobrio, el calculador, emprende flexible la lucha con acusadores y jueces. Él ahorra la máxima tensión de sus nervios no para el hecho, como el criminal pasional, sino para la defensa después del hecho.