Maria Estuardo
Maria Estuardo Naturalmente, esta forma de retorcer los hechos es demasiado tosca como para engañar a la opinión pública. Porque en realidad —todo Edimburgo ha sido testigo— la reina abandonó la casa solitaria de Kirk o’Field a las once de la noche con gran alboroto, con antorchas que se veÃan desde muy lejos. Era obvio para toda la ciudad que ya no estaba con Darnley, asà que los asesinos que acechaban en la oscuridad no podÃan en modo alguno atentar contra su vida cuando tres horas después volaron la casa por los aires. Además, esa voladura de la casa sólo fue una maniobra de distracción, meramente destinada a ocultar el verdadero hecho: que Darnley habÃa sido previamente estrangulado. La evidente torpeza de la versión oficial no hace más que reforzar la impresión de complicidad.