Maria Estuardo
Maria Estuardo Espantosa, estremecedora situación, ni el Diablo podría idear una más terrible. Por una parte, como la reina se siente embarazada, el tiempo apremia a la prisa, y a la vez esa prisa la hace cómplice. Como reina de Escocia, como viuda, como mujer de decencia y honor, observada por la ciudad y el país y todo el mundo europeo, María Estuardo no puede elevar a la categoría de esposo a un hombre de tan mala reputación y tan sospechoso como Bothwell. Y como mujer desvalida, en su desesperada situación no tiene otro salvador que él. No puede casarse con él, y sin embargo tiene que casarse con él. Pero para no dejar que el mundo intuya esa interior presión que le impulsa al matrimonio, hay que inventar otra presión exterior que haga un poco más explicable esa absurda prisa. Hay que idear algún pretexto que dé un sentido a lo que es legal y moralmente absurdo y obligue a esta boda a María Estuardo.
Pero ¿cómo se puede obligar a una reina a casarse con un hombre de rango inferior? El código de honor de su época sólo conoce una posibilidad: si a una mujer se le roba el honor con violencia, el ladrón tiene la obligación de restablecerlo mediante el matrimonio. Sólo si ha sido previamente violada como mujer, María Estuardo tendría un reflejo de disculpa para casarse con Bothwell. Porque sólo entonces se crearía ante el pueblo la ilusión de que no había cedido por su voluntad, sino bajo la presión de lo inevitable.