Maria Estuardo
Maria Estuardo Los lores no querÃan nada más. Ya se ha emplazado la artillerÃa pesada para aplastar cualquier resistencia de MarÃa Estuardo a una abdicación «voluntaria». Ya se han preparado los expedientes para cumplir la exigencia de John Knox de que se acuse a la reina, y se va a acusar a MarÃa Estuardo de «violación de las leyes» y —se elige una palabra cautelosa— «conducta inapropiada con Bothwell y otros» («incontinence with Bothwell and others»). Si la reina se sigue negando a abdicar, se podrán leer en la sala del tribunal las cartas encontradas en la arqueta, y revelar su vergüenza. Con esto, la rebelión quedarÃa suficientemente justificada ante el mundo. Isabel y los otros monarcas no podrÃan presentarse como defensores de una cómplice de un crimen y concubina convicta de su propio puño y letra.
Armados con esta amenaza de un tribunal público, el 25 de julio Melville y Lindsay viajan a Lochleven. Llevan tres pergaminos que MarÃa Estuardo debe firmar si quiere salvarse del oprobio de una acusación pública. En el primero, MarÃa Estuardo tiene que declarar que está cansada de gobernar y «contenta» de deponer la carga de la corona, que no tiene ni fuerzas ni deseo de llevar por más tiempo. El segundo documento contiene el consentimiento a la coronación de su hijo, en el tercero acepta ceder la regencia a su hermanastro Moray u otro regente.