Maria Estuardo
Maria Estuardo Lleva la palabra Melville, aquel de los lores humanamente más próximo a ella. Antes, ya ha venido dos veces para solucionar el conflicto de manera amistosa y convencerla de que renuncie a Bothwell; las dos veces lo ha rechazado porque, de lo contrario, el niño que de Bothwell lleva en su seno vendrÃa al mundo como bastardo. Pero ahora, después de encontradas las cartas, la situación se agrava. Primero la reina opone resistencia del modo más apasionado. Rompe a llorar, jura que prefiere renunciar a la vida que a la corona, y su destino hará realidad el juramento. Pero, sin reservas y con los más vivos colores, Melville pinta lo que le espera: la lectura pública de las cartas, la declaración del criado preso de Bothwell, el tribunal, con interrogatorio y condena. Con un escalofrÃo, MarÃa Estuardo se percata de su imprudencia y de la suciedad y la vergüenza en que ha caÃdo. Poco a poco, el miedo a la humillación pública quiebra sus fuerzas. Tras largos titubeos, tras furiosos estallidos de ira, de indignación, de desesperación, cede al fin y firma los tres documentos.