Maria Estuardo
Maria Estuardo El acuerdo ha quedado concluido. Pero, como siempre ocurre con los bonds escoceses, ninguna de las partes piensa seriamente atenerse al juramento y la palabra dadas. Los lores no van a dejar de leer ante el Parlamento las cartas de María Estuardo y de gritar al mundo su culpa, para hacerle imposible echarse atrás. Por su parte, María Estuardo tampoco se considera destronada por haber puesto un trazo de tinta en un muerto pergamino. Todo lo que da realidad y esencia a este mundo, honor, fidelidad, juramentos, ha sido siempre nulo para ella frente a la interior verdad de su derecho real, que considera tan indisoluble de su vida como la sangre caliente que fluye por sus venas.