Maria Estuardo
Maria Estuardo La escena de su visita a Lochleven es digna de un gran dramaturgo. Impulsiva, apenas lo ve la desdichada mujer se arroja sollozando en brazos de su hermano. Ahora espera por fin encontrarlo todo: consuelo, apoyo, amistad y, sobre todo, el consejo sincero del que por tanto tiempo ha carecido. Pero Moray mira su excitación con fingida gelidez. La lleva a su habitación, le reprocha con duras palabras lo que ha hecho, no le da indulgencia ni esperanza ni con una sola de sus palabras. Completamente trastornada por su cortante frialdad, la reina rompe a llorar y trata de disculparse, de explicarse. Pero Moray, el acusador, calla, calla y calla con sombría frente; quiere mantener vivo el miedo en la desesperada mujer, como si su silencio ocultara un mensaje aún peor.