Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero el velo de ese secreto nunca se levantó. No sabemos hasta qué punto había avanzado el embarazo de María Estuardo cuando la llevaron a Lochleven, ni cuando se alivió el miedo de su conciencia, ni si el niño nació vivo o muerto, no sabemos nada con claridad, no sabemos cuántas semanas o meses contaba este fruto del amor adúltero cuando fue eliminado. Todo aquí es oscuridad y sospecha, porque un testimonio contradice al otro, y sólo es cierto que María Estuardo tenía que tener un buen motivo para oscurecer las fechas de aquella maternidad. En ninguna carta, ni con una palabra —ya esto es sospechoso— se vuelve a hacer mención de este hijo de Bothwell. Según el informe elaborado por el secretario de María Estuardo, Nau, cuya redacción ella supervisó personalmente, trajo al mundo antes de tiempo gemelos incapaces para la vida… antes de tiempo, y se podría añadir la conjetura de que antes de tiempo de forma no del todo casual, porque se llevó con ella a su prisión precisamente a su farmacéutico. Según otra versión igualmente carente de garantías, la criatura, una niña, habría llegado viva al mundo, habría sido llevada en secreto a Francia y habría muerto allí en un convento de monjas, ignorante de su real ascendencia. Pero de nada sirve ante este territorio insondable murmurar ni adivinar, en este punto los hechos se mantienen en la sombra para toda la eternidad. La llave de este último secreto suyo se ha hundido en las profundidades del estanque de Lochleven.