Maria Estuardo
Maria Estuardo Sin embargo, el hecho mismo de que sus guardianes ayudaran a ocultar el secreto del nacimiento o nacimiento prematuro de aquel bastardo en el castillo de Lochleven, un secreto tan peligroso para el honor de MarÃa Estuardo, demuestra que no eran los malvados carceleros que la leyenda romántica ha dibujado en negro. Lady Douglas de Lochleven, a la que se confió a MarÃa Estuardo, habÃa sido hacÃa más de treinta años la amante de su padre y habÃa dado seis hijos a Jacobo V —entre ellos, el mayor, el conde de Moray— antes de casarse con el conde Douglas de Lochleven, al que dio a su vez siete hijos. Una mujer que habÃa pasado ya en trece ocasiones por las penalidades del parto, que habÃa padecido ella misma la angustia de no ver reconocidos a sus primeros hijos, estaba en condiciones de entender mejor que cualquier otra la preocupación de MarÃa Estuardo. Toda la dureza que se le atribuye podrÃa ser fábula e invención, y puede sospecharse que trató a la prisionera exclusivamente como a un huésped honroso. MarÃa Estuardo habita toda un ala de estancias, tiene consigo a su cocinero, su farmacéutico, cuatro o cinco mujeres a su servicio, su libertad de movimientos dentro del castillo no está limitada en modo alguno e incluso parece ser que se le permite salir de caza. Si intentamos ver de manera justa, liberándonos de toda la emotividad romántica, hay que calificar de indulgente el trato que se le da. Porque al fin y al cabo —el romanticismo hace que lo olvidemos— esta mujer se ha hecho culpable al menos de grave negligencia al casarse tres meses después del asesinato de su esposo con el asesino de éste, y un tribunal moderno podrÃa absolverla de complicidad, en el mejor de los casos, gracias a la circunstancia atenuante de enajenación mental o sujeción a la voluntad de otro. Asà que si por un tiempo se impuso el descanso a esta mujer, cuya escandalosa conducta habÃa llevado la intranquilidad a su paÃs y habÃa indignado a toda Europa, se le hacÃa un bien no sólo a su paÃs, sino a ella misma. Porque en estas semanas de encierro la alterada mujer tiene al fin ocasión de calmar sus nervios sobreexcitados, de recobrar la fortaleza interior, la voluntad perturbada por Bothwell; en realidad, esa prisión de Lochleven ha protegido durante unos meses a esta mujer demasiado audaz del peor de los peligros: de su propia impaciencia e inquietud.