Maria Estuardo
Maria Estuardo Ese punto de vista de María Estuardo es jurídicamente inatacable. La reina de Inglaterra no tiene ninguna clase de soberanía sobre la reina de Escocia, no tiene investigación ninguna que hacer acerca de un crimen ocurrido en un país extranjero, no puede inmiscuirse en un conflicto entre una princesa extranjera y sus súbditos. Isabel lo sabe perfectamente, y por eso redobla sus halagadores esfuerzos por arrancar a María Estuardo de su firme e inexpugnable posición y llevarla al terreno resbaladizo de un proceso. No, no como juez, sino como amiga y hermana desea esa aclaración, ah, es necesaria para su deseo de ver por fin cara a cara a su querida prima y reinstaurarla como reina. Para sacar a María Estuardo de su segura posición, Isabel hace una solemne afirmación tras otra, como si no hubiera dudado ni por un minuto de la inocencia de la calumniada, como si el proceso no tuviera nada que ver con María Estuardo, sino que se incoara únicamente contra Moray y los otros rebeldes. Una mentira sigue a la otra. Se compromete de forma vinculante a no tratar en esta investigación nada que vaya en contra del honor de María Estuardo, «against her honour»… Luego se verá cómo se cumplió esta promesa. Y expresamente Isabel finge ante los negociadores que sea cual sea el resultado de la investigación, la posición real de María Estuardo está asegurada. Pero mientras Isabel se compromete por su honor con María, al mismo tiempo el canciller Cecil se pasa alegremente a la otra acera. Por su parte tranquiliza en secreto a Moray, para que acepte la investigación, diciendo que en modo alguno se contempla una reinstauración de su hermana… se ve que la técnica del doble fondo que emplean los prestidigitadores no es un invento político de nuestro siglo.