Maria Estuardo
Maria Estuardo El buen Davison se va sintiendo incómodo. Se da cuenta de que la reina ha dado ya el paso y sin embargo no quiere tener nada que ver con él; probablemente lamenta no tener testigos de esta importante conversación. Pero ¿qué va a hacer? La orden es clara. Así que primero se dirige a la cancillería y hace estampar el sello en la sentencia de muerte, y luego va a ver a Walsingham, que enseguida redacta la carta a Amyas Poulet en los términos que Isabel desea. La reina, escribe, ha observado y lamentado en él cierta falta de celo porque, visto el peligro que María Estuardo significa para Su Majestad, no haya encontrado un medio, «por sí mismo y sin ulterior mandato», para eliminarla. Podría llevar a cabo tal eliminación con la conciencia en paz, puesto que prestó el juramento de la asociación, y aliviaría de ese modo a la reina, cuya aversión a derramar sangre es generalmente conocida.