Maria Estuardo
Maria Estuardo Es mucho después de medianoche cuando María Estuardo se tumba en la cama. Ha hecho todo lo que tenía que hacer en la vida. Sólo quedan al alma unas horas de derecho de hospedaje en el cansado cuerpo. En un rincón de la estancia, sus doncellas están arrodilladas y rezan con mudos labios; no quieren molestar a la durmiente. Pero María Estuardo no duerme. Con los ojos abiertos, mira hacia la gran noche; sólo deja descansar un poco los miembros para poder presentarse mañana, erguida y con el alma recia, ante la Muerte aún más recia.