Maria Estuardo
Maria Estuardo Tras estas palabras se vuelve a los condes de Shrewsbury y Kent y les pide que también las damas de su séquito puedan estar presentes en su ejecución. El conde de Kent pone reparos: las mujeres causarían disturbios con sus llantos y gritos y quizá dieran pie a escándalo mojando pañuelos en la sangre de la reina. Pero María Estuardo no se deja privar de su última voluntad. «Os doy mi palabra —replica— de que no harán tal cosa, y estoy segura de que vuestra señora no negaría a otra reina tener consigo a sus damas para que la asistieran en el último momento. No es posible que haya impartido tan dura orden. Aunque mi rango fuera inferior me lo permitiría, y soy su pariente más próxima, de la sangre de Enrique VII, viuda real de Francia y reina ungida de Escocia.»
Los dos condes deliberan; finalmente, se le autoriza a ser acompañada por cuatro de sus criados y dos de sus damas. A María Estuardo le basta. Seguida por ese séquito, el más escogido y más fiel, y por Andrew Melville, que le lleva la cola del manto, entra al gran salón de Fotheringhay tras el alguacil, Shrewsbury y Kent.