Maria Estuardo
Maria Estuardo Se produce un silencio. MarÃa Estuardo sabe lo que vendrá ahora. Una vez más, besa el crucifijo, pone los brazos en cruz y dice: «Igual que tus brazos, Jesucristo, están abiertos en esta cruz, asà recÃbeme en tus brazos compasivos y perdona todos mis pecados. Amén».
La Edad Media es cruel y violenta, pero no por ello carente de alma. Y en algunas de sus costumbres ha conservado una conciencia más honda de su inhumanidad que nuestro tiempo. Por aquel entonces toda ejecución, por bárbara que sea, tiene un breve instante de grandeza humana en medio del horror; antes de que el verdugo extienda su mano para matar o torturar, tiene que pedir perdón a su vÃctima por el delito que va a cometer sobre su cuerpo vivo. Asà que ahora el verdugo y su ayudante se arrodillan cubiertos por sus máscaras ante MarÃa Estuardo y le piden perdón por la muerte que están obligados a darle. Y MarÃa Estuardo responde: «Os perdono de todo corazón, porque espero que esta muerte ponga fin a todos mis sufrimientos». Sólo entonces el verdugo y su ayudante se levantan y se preparan para su tarea.