Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Ninguna revista de tropas en los veinte años que duró la gloria de Napoleón fue más grandiosa y más entusiasta que ésta, la última. Apenas se han extinguido los llamamientos, a las once —dos horas después de lo previsto, ¡dos fatÃdicas horas más tarde!— los cañones reciben la orden de arrojar su metralla sobre los casacas rojas que se encuentran en la colina. Entonces Ney, «valiente entre los valientes», avanza con la infanterÃa. Comienza la hora decisiva para Napoleón. Esta batalla ha sido descrita incontables veces, pero uno no se cansa de leer sus emocionantes reveses, bien sea en la magnÃfica descripción de Walter Scott o en la episódica de Stendhal. Resulta grandiosa y muy variada, tanto si se la contempla de cerca como de lejos, desde la colina en la que se ha apostado el general en jefe o desde la silla de montar del coracero. Con su incesante oscilar entre el miedo y la esperanza, que de pronto se disuelve en un momento de extrema catástrofe, es una obra maestra de tensión y dramatismo. Y el modelo de una auténtica tragedia, porque en ese destino individual se determinaba el de toda Europa y porque, una vez más, los fantásticos fuegos artificiales de una existencia como la de Napoleón estallan espléndidos en todos los cielos, antes de apagarse para siempre en una repentina caÃda.