Novela de ajedrez
Novela de ajedrez Pues bien, lo de «jugadores de tercera» hubiera sido preferible no decírselo a una persona tan arrogante como McConnor. Se retiró irritado y me comunicó en un tono brusco que él, por su parte, se resistía a creer que Czentovic fuera capaz de declinar la cortés invitación de un gentleman, que ya se ocuparía él de ello. A petición suya le hice un esbozo de la personalidad del campeón. Incapaz de contener su impaciencia, se lanzó a perseguir a Czentovic por cubierta, indiferente a la partida que habíamos empezado. Pude constatar entonces una vez más que a una persona de espaldas tan anchas no se le puede llevar la contraria cuando se le mete algo en la cabeza.
Esperé, bastante intrigado. McConnor volvió al cabo de unos diez minutos y al parecer, no de muy buen humor.
—¿Y bien? —pregunté.