Novela de ajedrez
Novela de ajedrez Formuló esta pregunta en tono objetivo, como si se tratara de un puro asunto de negocios. Pero lo sorprendente es que no miró a McConnor sino a nuestro salvador, con una mirada penetrante y directa. Del mismo modo que un caballo distingue a un mejor jinete por la mayor firmeza con que lo monta, Czentovic debía de haber descubierto en las últimas jugadas quién era su auténtico, su verdadero rival. Todos seguimos instintivamente su mirada; esperábamos impacientes una reacción del forastero, pero antes de que éste tuviera ocasión de reflexionar o de responder, ya McConnor, llevado de su febril presunción, lo interpelaba con aire triunfal:
—¡Naturalmente! Pero esta vez ha de jugar usted solo contra él. ¡Usted solo contra Czentovic!
Pero entonces ocurrió algo imprevisto. El forastero, que mantenía fija la vista, con una mirada obstinada y extraña, sobre el tablero ya vacío de figuras, se sobresaltó al darse cuenta de que todas las miradas estaban clavadas en él y de que le hablaban con tanto entusiasmo. Su rostro denotaba una súbita confusión.