Siempre fuiste tĂș

Alejandra Rodriguez

Hay un espacio temporal donde todas las personas que viven en un mismo lugar se cruzan momentĂĄneamente, pero hay otro suceso, aĂșn mĂĄs remoto, en el que la vida de una persona impacta de lleno en la vida de otra. QuizĂĄs Ă©ste Ășltimo sea mi caso. QuizĂĄs por algĂșn vaivĂ©n del destino, porque el viento esa noche soplĂł mĂĄs o menos fuerte o hasta por el simple aleteo de una mariposa al otro lado del mundo, IvĂĄn y yo nos conocimos. Diluviaba y, sin darme cuenta, ese chico alto, rubio y con los ojos mĂĄs verdes que yo hubiese visto jamĂĄs me salvĂł de todas las maneras en las que podĂ­a salvarse a una persona. Antes de que nuestros caminos se separasen, escribĂ­ mi nĂșmero de telĂ©fono en un trozo de papel hĂșmedo y se lo metĂ­ en el bolsillo de la chaqueta. Ese dĂ­a comenzĂł nuestra amistad. La mĂĄs larga, bonita e inquebrantable que habĂ­a experimentado jamĂĄs.
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