Yo no tengo la culpa

Corin Tellado


La máquina eléctrica zumbaba sobre el enjuto rostro de Billy Gibbs. El rostro que le devolvía el espejo era sonriente, cachazudo, sin gran atractivo. A Billy le tenía muy sin cuidado su atractivo masculino. El no era un ingenuo. El era un hombre, sólo un hombre. Y estaba satisfecho de sí mismo, ¡qué demonio!
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