?¡Papá?! ¿Me oyes? ¡PAPA! Sé que puedes oÃrme? ¡PAPA! ¡Contéstame! ¡Sé que me estás oyendo!Charlotte Renaud se despertó, sobresaltada.Incorporándose en la cama con una extraña sensación de agobio en la garganta, algo asà como si el aire no llegase a los pulmones, presión en el tórax y una nube oscura y densa, tormentosa, envolviendo la caja de sus pensamientos.