Durante largos meses, la Wehrmacht tuvo que hacer frente a reveses que habÃan empezado inmediatamente después de la llamada batalla de Moscú, entre finales de 1941 y principios de 1942. Pero estas dificultades, de las que Hitler conocÃa una gran parte, no fueron las únicas que hicieron fruncir el ceño a los generales empeñados en la conquista de la inmensidad soviética. Fue 'la otra clase' de problemas lo que jamás se atrevió nadie a mencionar al Führer, y si algo le dijeron, él no conoció jamás la exacta dimensión de lo que ocurrÃa. Porque, casi al empezar la guerra en el Este, el Ejército alemán tuvo que combatir con dos enemigos: el adversario que encontraba ante él, y el que quedaba tras él, el que clavaba sus acerados dientes en ese largo y delicado cordón umbilical que une a todas las tropas en marcha con sus centros de aprovisionamiento. Fueron los guerrilleros rusos, conocidos con el célebre nombre de 'Partisanos', los que hicieron temblar, más de una vez, la estructura de la Wehrmacht, cortando sus lÃneas de suministros, atacando a los convoyes, haciendo saltar las vÃas férreas...