Al final mueren los dos
Al final mueren los dos El hospital era un lugar frÃo y silencioso, lleno de luces que parecÃan desgastar aún más el ánimo de quienes estaban dentro. Mateo respiró hondo antes de entrar en la habitación de su padre, quien yacÃa inconsciente. Rufus esperó en la puerta, dándole su espacio.
Mateo se acercó lentamente, su voz temblorosa apenas un susurro. —Hola, papá. Hoy... hoy es mi último dÃa.
Las palabras se rompieron en su garganta. QuerÃa decir tanto, pero el peso de la situación lo paralizaba. Finalmente, sacó una foto arrugada de su bolsillo y la colocó junto a la cama. Era de ambos, cuando Mateo era un niño y su padre lo ayudaba a soplar las velas de un pastel. —Espero que te despiertes pronto. Quiero que recuerdes lo mucho que te amo.
Cuando salió de la habitación, Rufus lo esperaba con una mano en el bolsillo y una sonrisa comprensiva. —¿Listo? —preguntó. Mateo asintió, secándose una lágrima que habÃa escapado.
De vuelta en la calle, Rufus intentó animar el ambiente. —Ahora vamos a hacer algo realmente épico. ¿Qué te parece? Mateo arqueó una ceja, intrigado. —¿Qué tienes en mente? —Una fiesta. Pero no cualquier fiesta. Una despedida en grande.