Hombrecitos

Hombrecitos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Buenas noches, hijo mío.

Dan durmió algunas horas, después se despertó febril y con el pie muy dolorido, procurando no quejarse para no molestar a nadie. El chico, en efecto, era valiente y sufrido.

Tía Jo acostumbraba dar una vuelta por la casa a medianoche, para cerrar ventanas, correr el mosquitero de la cuna de Teddy y cuidar de Tommy, que era algo sonámbulo. Tenía el sueño muy ligero, y al oír los quejidos sofocados de Dan se levantó, se puso una bata y acudió a la cabecera del enfermo.

—¿Qué te duele, hijito…?

—El pie; pero me disgusta que se haya molestado.

—Yo soy como la lechuza, que pasa las noches revoloteando. Pero… ¡tu pie abrasa! Hay que refrescar los vendajes.

La maternal lechuza salió y volvió en seguida con vendas nuevas y un jarro de agua muy fría.

—¡Ya estoy mejor! —suspiró Dan.

—Pues duerme y descansa; ya daré por aquí otra vuelta.

En aquel momento, Dan le echó los brazos al cuello, la besó y balbuceó:

—Muchísimas gracias, señora.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker