Hombrecitos
Hombrecitos —Ahora, «peregrinos» mÃos, pueden divertirse tranquilamente hasta la hora del té, porque esta noche tendrán que moverse bastante.
—Me llevaré de paseo a todo el rebaño, asà puedes descansar y terminar los preparativos de la velada —dijo el señor Bhaer. En cuanto los chiquillos estuvieron listos, cargó con ellos en el ómnibus, hacia una excursión campestre.
A primera hora se sirvió el té; después, los niños volvieron a cepillarse, a peinarse y a lavarse las manos, dedicándose a esperar impacientemente a los invitados. Sólo asistirÃa la familia, porque las fiestas en Plumfield eran siempre Ãntimas. Llegaron los convidados: el señor March y su esposa; tÃa Meg, resignada y serena, con sus tocas de viuda; tÃa Amy y tÃo Teddy con la Princesita, más bella que nunca, con un traje azul celeste, y un gran ramo de flores, que distribuyó y colocó en las solapas de las chaquetas de los muchachos. TÃo Teddy presentó a los señores Bhaer un caballero desconocido, diciendo:
—Mi amigo, el ilustre naturalista señor Hyde. Me ha preguntado mucho por Dan, y lo he invitado para que conozca los progresos del chico.