Hombrecitos
Hombrecitos Los señores Bhaer recibieron cordialmente al insigne sabio, encontrándolo amable, sencillo y cortés. Dan se puso contentísimo al ver a su admirado amigo y el digno naturalista mostróse muy satisfecho al ver el progreso del muchacho, tanto en desarrollo físico como en instrucción y educación.
—Va a comenzar la fiesta, para evitar que les dé sueño a los artistas —anunció tía Jo.
Entraron todos en el local de la escuela y ocuparon sus asientos ante un telón formado por dos colchas grandes. Los niños desaparecieron, pero se oían sus risas en el improvisado escenario.
La función comenzó con un número de ejercicios gimnásticos, dirigido por Franz.
Terminados éstos, Medio-Brooke y Tommy representaron el antiguo diálogo titulado «El dinero hace andar a la yegua». Medio-Brooke conquistó muchos aplausos; Tommy estuvo delicioso interpretando el papel del viejo labrador, donde imitó con tal gracia a Silas, que todos, incluso él, se desternillaron de risa.
Emil, muy bien caracterizado, dio una sesión de canciones de marineros, y hubo derroche de «vientos huracanados», y de «¡no temas naufragar!», cerrando el número con un coro de «¡A bogar…! ¡A bogar…!» que hizo temblar la casa.
Ned, saltando como una rana, bailó una divertidísima danza china.