Hombrecitos

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—«Tobías» es un regalo que el señor Laurie hizo a mamá Bhaer para que no tuvieran que llevar en brazos a Teddy cuando salimos de paseo. A todos nos agrada «Tobías»; es un borrico muy simpático. Las palomas que ahí ves, son nuestras en general; cada cual elige sus favoritas y nos distribuimos las crías. Los pichoncitos son monísimos; entretente mirando las palomas, mientras veo si mi «Cenicienta» y mi «Pintadita» han puesto hoy huevos.

Nat trepó por una escalera, metió la cabeza por una puertecilla y contempló las lindas palomas picoteando y arrullándose en el espacioso desván.

«Todo el mundo, menos yo, posee aquí algo; me agradaría tener una gallina, una paloma o siquiera un galápago que fuese mío», pensó Nat, doliéndose de su pobreza al admirar los tesoros de los otros niños. Luego, al reunirse de nuevo con Tommy, en el granero, le preguntó:

—¿Cómo han adquirido estas cosas…?

—Las encontramos, las compramos o nos las regalan. Mi padre me envía algo de vez en cuando, y ahora en cuanto reúna dinero bastante de la venta de huevos, voy a comprar una pareja de patos. Aquí hay un estanque muy a propósito para ellos; y has de saber que los huevos de pato se pagan muy bien, y que los patitos son graciosísimos nadando y zambulléndose —contestó Tommy.


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