Hombrecitos
Hombrecitos La cocinerita hizo concienzudamente la mezcla y puso un poco de masa a freír, maravillándose al ver que la masa se trocaba, como por arte mágico, en hinchada flor de sartén. Medio-Brooke se relamió de gusto. La primera flor sartenil resultó pegada y chamuscada, porque Daisy se olvidó de poner la manteca. Después, cuando la omisión quedó subsanada, todo marchó a pedir de boca.
—Opino que con jarabe estará mejor que con azúcar —insinuó Medio-Brooke, terminando de poner la mesa.
—Pues anda y pídele un poco de jarabe a Asia —dispuso Daisy, yendo a lavarse las manos a la habitación inmediata.
La comidita resultó deliciosa; la tetera sólo se volcó tres veces, y el jarro de leche, una; las flores flotaban en el jarabe y las tostadas sabían a costillas, por haberse empleado para prepararlas las mismas parrillas que para el almuerzo.
Medio-Brooke se desentendió de tales minucias, y engulló vorazmente, mientras Daisy, rodeada de sus muñecas, planeaba banquetes fastuosísimos.
—¿Han pasado bien el rato? —preguntó la tía Jo, entrando con Teddy en brazos.
—Admirablemente, estoy deseoso de que se repita pronto —afirmó Medio-Brooke.
—Temo que hayas comido demasiado.