Mujercitas
Mujercitas Informó de sus planes en un pleno familiar y todos estuvieron de acuerdo. La señora Kirke aceptó encantada y prometió que Jo se sentirÃa como en casa. El trabajo de institutriz le permitirÃa ser independiente y le dejarÃa tiempo libre suficiente para poder escribir, además de que su nueva vida en sociedad serÃa una útil y agradable fuente de inspiración. A Jo le encantaba la idea y estaba deseando partir. Su hogar le resultaba cada vez más pequeño, dada su naturaleza inquieta y su espÃritu aventurero. Cuando todo estuvo dispuesto, habló con Laurie, llena de miedo y con la voz temblorosa, pero, para su sorpresa, el joven reaccionó sin aspavientos. HacÃa dÃas que estaba más serio de lo normal, aunque seguÃa tan amable como de costumbre. Y cuando Jo comentó en son de broma que se disponÃa a pasar página, él añadió en tono grave:
—Yo también, y estoy decidido a no volver a ella nunca.
Jo se sintió aliviada al ver que se lo tomaba tan bien y siguió con los preparativos con alegrÃa. Beth parecÃa estar mucho más animada, y ella confiaba en estar haciendo lo mejor para todos.
—Necesito pedirte un gran favor. Quiero que cuides algo por mà —comentó la noche antes de irse.
—¿Te refieres a tus manuscritos? —preguntó Beth.