Mujercitas
Mujercitas ¡Pobre Jo! Aquellos fueron dÃas duros. Cuando pensaba en que pasarÃa toda su vida en aquella casa, ahora silenciosa, entregada al cuidado de otros, con pocos o ningún gusto que darse y cada vez más obligaciones, se desesperaba. No puedo hacerlo. No estoy hecha para vivir asÃ. Si no viene alguien a ayudarme, sé que escaparé y cometeré una locura, se decÃa cuando sus primeros esfuerzos fracasaron y se sumió en ese profundo desánimo que aqueja a quienes, a pesar de hacer gala de la mejor voluntad y fortaleza, han de hacer frente a lo inevitable.