Mujercitas
Mujercitas El señor March paseaba plácidamente, citando a Tusser, Cowley y Columella mientras charlaba con el señor Laurence y saboreaba una dulce sidra. El profesor iba arriba y abajo por los verdes pasillos como un robusto caballero teutón, con un palo por lanza, seguido por los muchachos, que formaban una auténtica compañía con ganchos y escaleras y hacían maravillas tanto recogiendo del suelo como haciendo caer los frutos de los árboles. Laurie se dedicó a los más pequeños, paseó a su hijita en un cesto, levantó a Daisy para que viera los nidos de los pájaros y cuidó de que el aventurero Rob no se partiese el cuello. La señora March y Meg, sentadas entre las montañas de manzanas cual Pomonas, clasificaban los frutos que llegaban sin parar. Mientras tanto, Amy dibujaba, con una hermosa y maternal expresión en el rostro, a los distintos grupos y vigilaba al caballero pálido que estaba sentado junto a ella, con su muleta al lado y cara de adoración.