La Divina Comedia
La Divina Comedia La vista dirigí primero abajo;
luego arriba, hacia el sol, y me admiraba
que nos hería por el lado izquierdo.
Bien comprendió el poeta que yo estaba
por el carro solar estupefacto,
que entre nosotros y Aquilón nacía.
Por lo cual me explicó: «Si los Gemelos
fuesen en compañía de ese espejo
que lleva la luz arriba y abajo,
verías al Zodiaco enrojecido
girar aún más cercano de las Osas,
si no saliera del camino usado.
Cómo pueda ocurrir, pensarlo puedes
si atentamente observas que Sión
en la tierra se opone a esta montaña;
un horizonte mismo tienen ambas
y hemisferios diversos; y el camino
que mal supiera recorrer Faetonte,
podrás ver cómo en ésta va por uno,
y por aquella por el otro lado,
si lo ves claro con la inteligencia.»
«Cierto maestro —dije— que hasta ahora
no i claro, como lo discierno,
allí donde mi ingenio me faltaba,
que la mitad del cielo que alto gira,
que se llama Ecuador en algún arte,
y entre sol y entre invierno se halla siempre,