La Divina Comedia
La Divina Comedia Uno se parecía a los discípulos
de Hipócrates, a quien natura hiciera
para sus animales más queridos;
contrario afán el otro demostraba
con una espada aguda y reluciente,
tal que me amedrentó desde mi orilla.
Luego vi cuatro de apariencia humilde;
y de todos detrás un viejo solo,
que venía durmiendo, iluminado.
Y estaban estos siete como el grupo
primero ataviados, mas con lirios
no adornaban en torno sus cabezas,
sino con rosas y bermejas flores;
se juraría, aun vistas no muy lejos,
que ardían por encima de los ojos.
Y cuando el carro tuve ya delante,
un trueno se escuchó, y las dignas gentes
parecieron tener su andar vedado,
y se pararon junto a las enseñas.