Corazón
Corazón Efectivamente, de la palma de la mano, mal vendada, del capitán salÃan algunas gotas, que se escurrÃan por los dedos.
—¿Quiere que le apriete la venda, mi capitán? Acérquese un poco más.
El capitán le dio la mano izquierda, y alargó la derecha para ayudarle a soltar el nudo y volverlo a hacer; pero el chico se puso más pálido en cuanto se alzó de la almohada y tuvo que volver a apoyar la cabeza sobre ella.
—¡Basta, basta! —dijo el capitán mirándolo y retirando la mano vendada que el soldadito querÃa sujetar—. Cuida de lo tuyo en vez de pensar en los demás, porque las cosas ligeras, si se descuidan, pueden traer malas consecuencias.
El tamborcillo movió la cabeza.
—Pero tú —repuso el capitán, mirándolo más atentamente—, has debido perder mucha sangre para estar tan débil.
—¿Mucha sangre dice usted? —respondió el muchacho, sonriendo—. Algo más que sangre. ¡Mire!
Y se apartó algo la colcha.
El capitán dio un paso atrás horrorizado.
El chico no tenÃa más que una pierna; la izquierda se la habÃan amputado por encima de la rodilla; el muñón estaba vendado con tiras ensangrentadas.