El periplo de Hannon
El periplo de Hannon Y habiendo navegado cuatro días, avistamos de noche la tierra llena de llamas (o incendios)61. En el medio había cierto elevadísimo fuego, mayor que los otros, que nos parecía tocar con las estrellas. Por el día se dejó ver un encumbradísimo monte62, llamado Theon Ochema (o descanso de los dioses).
Habiendo soplado los vientos63 de tres días, navegamos desde aquí, dejando atrás los arroyos de fuego64; y llegamos a una ensenada (o recodo)65 nombrado cabo del Noto (o del Sur). En lo interior66 de él hay una isla parecida a la primera, que tiene también su laguna67. Hay también otra isla68 llena de gentes salvajes. El mayor número es de mujeres69, las cuales son velludas de cuerpo. Nuestro intérpretes las llaman gorilas70. Aunque saltamos a tierra, no pudimos atraer a nosotros los hombres; antes huyeron71 todos por estar acostumbrados a trepar por riscos, y a defenderse con piedras. Pero de las mujeres (cogimos) tres72, que mordían y arañaban a los que las traían, porque no querían seguirnos. Habiéndolas muerto, las desollamos73, y llevamos sus pellejos a Cartago.
Y no navegamos más adelante, por faltarnos los víveres74.
