Las mil y una noches
Las mil y una noches —Me someto a todas las condiciones —respondí con firmeza.
Viendo lo inquebrantable de mi resolución, tomaron los jóvenes un carnero, degollándolo en seguida, y me dieron el cuchillo que sirvió para la operación, diciéndome:
—Os servirá dentro de poco tiempo; entretanto envolveos con la piel que le hemos quitado al carnero y quedaos solo en este departamento. Se os aparecerá un pájaro enorme que, al creer que sois carnero, os arrebatará al espacio, pero no tengáis miedo y veréis, luego que os deje en la cima de una elevada montaña, que desaparece como aire en cuanto rompáis la piel con ese cuchillo. Caminad entonces hasta llegar a un castillo inmenso cubierto de planchas de oro incrustadas de esmeraldas y piedras preciosas. La puerta está siempre abierta; entrad, pues, y lo que veréis os costará el ojo derecho, como a nosotros nos ha sucedido.
Todo se verificó como los jóvenes lo habían anunciado. El pájaro era blanco y de mayor fuerza y magnitud que los elefantes de la India.